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Ansó V: “La plaza”

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004-r- Ansó, terraza bar Aisa-crop

Ansó V: “La plaza”

Es el corazón de la villa. Punto de encuentro, de eventos importantes, de espectáculos musicales y de recitales veraniegos. Aquí se asienta el Ayuntamiento, con Correos  y la oficina de turismo. Desde su balcón, cada año, el último domingo de agosto se reanuda la fiesta del  Día del Traje Ansotano y todas las calles se convierten en un dinámico  escaparate de su amplísimo vestuario tradicional.

En las tardes de verano, cuando el sol se va retirando lentamente por los montes del oeste que nos separan de los valles navarros, la plaza se llena de vida. Los niños juegan, activos y bulliciosos, con bicicletas y pelotas. Se ocupan los bancos de la plaza y las mesas de la terraza del bar Aisa. Mayores, de tertulia, pendientes a la vez de nietos. Papás y mamás, relajados, toman una caña, también los abuelos, claro. El aire es limpio, la temperatura grata.

Más allá de las casas de la plaza, se pierde un horizonte de montañas verdes, de rebaños que regresan. Una naturaleza en silencio, libre, inalterable, permanente. Solo cambian los niños. Nuestros nietos han sustituido a nuestros hijos en los juegos.  Es el ciclo inalterable de la vida, lo que debería hacernos pensar en la importancia del cuidado de nuestro entorno, que va a permanecer cuando ya no estemos, cuando los niños que juegan tomen nuestros asientos, en la importancia de disfrutar serenamente cada momento de este instante breve que es la vida.

La plaza, tuvo una fuente en el centro que yo ya no he conocido. La he visto en fotos en blanco y negro, cuando los ansotanos todavía vestían a diario el traje tradicional y que todavía llevaban unos pocos cuando vine por primera vez. Si he conocido la glorieta permanente adosada a la fachada frente al Ayuntamiento, donde unos músicos ansotanos, muy jovencitos, amenizaban las tardes  de domingo. Aquellos músicos se han dispersado al hacerse mayores. Todavía hoy, una gran tradición musical en Ansó, dirigida por Julián Mauleón,  organiza convenciones de organistas que acuden los veranos a la villa, en sesiones de conciertos que acompaña  a menudo el grupo coral ansotano.

En Ansó hay plazoletas, plazuelas y rincones, pero si decimos la plaza, es esta. Su nombre oficial, Domingo Miral (1872/1942), lo recibe de un ilustre filólogo, pedagogo y escritor aragonés nacido en el vecino valle de Hecho. Catedrático y fundador del Instituto de Idiomas de la universidad de Zaragoza, estableció en Jaca cursos universitarios de verano. Director y alumnos visitaban Ansó el día de Santiago. Una colorida etnia de estudiantes extranjeros invadía con su juventud y alegría la plaza Domingo Miral, en una jornada que Ansó les dedicaba como anfitrión. Jóvenes con ojos orientales, chicas y chicos rubios del centro y norte de Europa, meridionales más morenos, anticipaban entonces un futuro más universal, más unido, que no deberíamos perder de vista.

El  hostal Aisa, otro histórico de la plaza, donde mi familia y yo nos alojamos  hasta que tuvimos albergue propio, asiste desde hace más de cien años a esta continua renovación generacional que da vida a la plaza. José Manuel ocupa en la barra el puesto que dejó Julio, su padre. También conocí a su abuelo, José, que entonces ya solo ejercía de gran jefe, cuando  José Manuel, como los niños de hoy, todavía  circulaba por la plaza con un triciclo.

Hoy y ayer de la plaza. La próxima cita, la iglesia y su entorno.

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