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Ansó XI – El valle de Linza

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Ansó 015 caballos en la ruta a Linza

Ansó XI – El valle de Linza

Partiendo del valle de Zuriza, donde nos quedamos al hacer la ruta desde la villa de Ansó, continúa, a partir del camping, la carretera que trepa aproximadamente  tres kilómetros hasta alcanzar el valle de Linza.

El primer tramo nos eleva rápidamente. A nuestra izquierda, la ladera recortada se abre al horizonte con la impresionante mole rocosa de la peña Ezcaurri. A nuestra derecha se  encaraman densos bosques de hayas y abetos.

La ruta, asfaltada hace algunos años, fue la pista forestal por la que descendían antaño camiones con cargas de madera talada. El último tramo hasta alcanzar Linza, va perdiendo pendiente, se suaviza hasta casi allanarse a la altura de la fuente de los Clérigos y se convierte en verdes praderas, a los pies del monte de Maz, donde suelen pastar caballos, como en la imagen de cabecera.

En ese entorno, se inicia o se concluye la ruta circular por los bosques de Gamueta, idílicos en cualquier época del año y singularmente coloridos en otoño por la muda de los hayedos.

Inmediatamente llegamos al valle de Linza, otra extensa pradera donde comienza la ruta del esquí de fondo en invierno. Desde su refugio al fondo, parte la ruta aragonesa para alcanzar la Mesa de los Tres Reyes, excursión de montaña que requiere ya cierta resistencia y forma física, que no es tan imprescindible en el caso de la ruta circular de Gamueta, que también puede iniciarse aquí y concluir por la fuente de los Clérigos.

Mi primer recuerdo de Linza, hace casi cincuenta años, accediendo con el coche por la vieja pista forestal, es la imagen de un valle lleno de lirios azules cerrado al fondo por el bosque de viejas y corpulentas hayas frondosas.

En los días más cálidos del verano, cuando el calor llega también a las villas pirenaicas,  el profundo bosque, con sus  fuentes naturales, proporciona acogida para gratas jornadas de excursión campestre, o de amable descanso y lectura bajo las hayas.

Es un reencuentro con el silencio y la armonía, donde nuestro oído percibe el leve sonido de las hojas de las hayas que se estremecen con la más leve brisa, la luz tenue en el bosque se filtra en verde y amarillo, y entre los troncos divisamos el exterior con una pradera a la que el sol de la tarde arranca destellos dorados.

Dijo Cézanne, que pintar no es copiar la naturaleza, sino expresar un sentimiento. Yo, con Linza, todavía no me he atrevido a intentarlo.

Imagen de cabecera: Óleo sobre lienzo de 61×46 cm. Título: “Caballos en la ruta al valle de Linza (Ansó)”.

 

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