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Sicilia II – Monte Etna y Taormina

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004 Taormina, plaza y cantantes - copia (2)

Sicilia II – Monte Etna y Taormina

Domingo 4 de junio 2017.Temprano, salida hacia el monte Etna desde Catania. Autobús hasta la cumbre accesible por carretera, entre fértiles viñedos. Desde las curvas de la ruta nos vamos distanciando de la lámina azul del mar Jónico. Arriba, la altura considerable es un terreno ya sin arbolado, de tierra oscura, salpicada con zonas de yerba de un verde palido y con aristas de rocas negras.  La zona se conoce como de los cráteres silvestres, perfectamente visibles. De allí parte un teleférico que te eleva hasta la boca del crater principal, la cima definitiva que emana, de forma permanente, el humo de un interior vivo de lava palpitante.

De allí, partimos en dirección a Taormina en la misma costa este. Es la ciudad una joya elevada en la cumbre rocosa del monte Tauro, de una belleza fascinante y señorial, repleta de iglesias medievales, palacetes, fuentes barrocas  y el espectacular teatro griego originario del siglo III a.C. y ampliado después por los romanos en el siglo II. La vista desde sus gradas sobre el mar, entre columnas griegas, te hacen imaginar la delicia que sería acudir al concierto que esa noche a las 9,30 tenía lugar allí, con las luces tenues de la ciudad como antorchas sobre el acantilado. Las sillas y atriles de los músicos están ya colocadas en el escenario. Al fondo el Etna y un mar increiblemente azul.

Taormina sería un lugar de ensueño, si las riadas humanas que lo invaden, que abruman, no resultaran el contrapunto incómodo del que hay que tratar de inhibirse para disfrutar su enorme atractivo. El movimiento humano hasta media tarde bajo un sol de justicia, demandará todo nuestro esfuerzo mental de distanciamiento.

Tras la masiva visita al Teatro griego, recorrimos la ciudad, el Corso Umberto I, antigua Via Valeria desde Puerta Mesina. En su bella plaza  balconada que se abre al mar, con vistas al golfo de Naxos, paramos a descansar. Los zumos de naranja fríos bajo los toldos de la terraza de una cafetería se vieron amenizados por dos músicos sicilianos que con su guitarra y su mandolina inundaron la plaza con esas bellas melodías italianas de siempre: “Volare”, “Addio”, “Torna a Sorrento” y muchas más. No pude resistir la tentación, saqué el cuaderno y les hice el dibujo que coloco en la cabecera como ilustración del día.

Próximo encuentro, en Mesina.

 

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