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Viaje a Austria III – Salzburgo

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Viaje a Austria III – Salzburgo

Diario del jueves, 9 de septiembre 2016.

Es posible que la música, entre todas las bellas artes, sea la que transmite sentimientos  de un modo más inmediato. Bastan unos segundos, unos compases,  para que el ser humano los perciba. Alegría,  tristeza, exaltación, pueden invadirnos al momento.

Salzburgo es como la música. Toda ella, transmite al instante una sensación de belleza y armonía, de equilibrio y color.

Llegamos a Salzburgo la noche anterior, algo cansados tras varias paradas en el trayecto desde Viena, entretenidos en una ruta por su región de los lagos y sus pueblos de cuento entre montañas verdes.

El día siguiente, amaneció cálido y luminoso para recorrer la ciudad.

No parecería  casual, si el lugar de nacimiento pudiera elegirse, que Mozart naciera allí, aunque probablemente, ese acontecimiento, sea la consecuencia de que Salzburgo respire música por todas partes.  Uno se encuentra con violinistas por calles y plazas, en las puertas de la catedral y de las iglesias.

IMG_20170206_213211A nuestro paso, dos chicas muy jóvenes, rubias, bellas, esbeltas, pararon sus bicicletas, las aparcaron, desenfundaron sus violines, y en el callejón que conduce a la catedral nos interpretaron la Pequeña Serenata de Mozart. La delicia de esos minutos quise plasmarla en el dibujo que incorporo al texto.

Salzburgo es un racimo de bellísimos y blancos edificios, iglesias de verdes cúpulas, tejados de azul pizarra, jardines florales, fuentes cantarinas y artísticas esculturas en los parques y plazas. Coches de caballos y bicicletas, circulan pausados en un tráfico sin motores . Su plaza del mercado es una explosión de color. Todo se funde en una ciudad de cómodas dimensiones peatonales. Una ciudad para vivirla, pasearla, disfrutarla.

El río Salzach, cuyo nombre, como el de la ciudad, viene derivado de sus viejas minas de sal, divide en dos la ciudad. Los romanos ya se asentaron en ella. En una de las orillas se encuentra el palacio y los jardines de Mirabell, bordeado por esculturas clásicas, y considerado uno de los más bellos del mundo.

En la otra orilla, cruzando por cualquiera de sus puentes, el casco antiguo se prolonga con calles y plazas, como la de Mozart, la catedral, iglesias, algunos museos, el mercado y el castillo fortaleza de Hohensalzburg, elevado sobre un monte rocoso  al que se puede ascender, lentamente,  por una calle de pronunciada pendiente o utilizando el funicular, que es lo que hicimos nosotros. Es la mayor fortaleza de Europa, nunca conquistada desde su origen en 1077 y muy bien conservada. Alberga ahora museos, y desde sus terrazas ofrece una elevada panorámica sobre la ciudad y todos sus horizontes.

Descendidos del castillo fortaleza, visitamos el museo de arte moderno, junto a los muros decorados del abrevadero de caballos y  a cuyos pisos se accede con un elevador desde la base rocosa del monte. Desde la terraza de su cafetería, tomé la imagen asignada a la cabecera en un dibujo con rotulador, acuarelado después, que reune una parte de la panorámica descrita.

Salzburgo fue declarada, en 1997 por la Unesco, patrimonio  cultural de la humanidad.

Al final de la tarde, cruzamos de nuevo el puente  peatonal para tomar el autobús de regreso al hotel. Antes, una cerveza suave y un breve descanso en la terraza elevada sobre el río, del hotel Sacher, nos depararía una última contemplación al atardecer de una ciudad exquisita.

El próximo encuentro austriaco en Insbruck.

 

 

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