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Viaje a Italia: Venecia II (mayo 2005)

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Viaje a Italia: Venecia II (mayo 2005)

Venecia 006-cropComida breve y recorrido andando por el borde de los canales. Cruzamos pequeñas plazoletas  y puentes que se proyectan a otros puentes. Los gondoleros ofrecían sus servicios, un músico solitario en la puerta de una vieja iglesia  interpretaba el  “Adagio” de Albinoni con su violín, encantadores cafés con mesas y sombrillas se  asomaban al canal  y viejos palacetes, con ventanas de arco ojival, mostraban una digna decadencia con su belleza un tanto marchita pero siempre espléndida.

Café y descanso en la plaza de San Marcos escuchando una pequeña orquesta. Músicos con americana y pajarita, sillas de mimbre, mantel blanco, jarrón de flores frescas sobre la mesa. Su precio quedaba justificado por el lugar y el entorno.  A nuestro  frente la fachada del museo de la Academia. A la izquierda la basílica de San Marcos, con sus imágenes policromadas y sus cúpulas doradas junto al Palacio Ducal de blancas columnas y filigranas moriscas.

Después, en el muelle, embarcamos para un paseo breve por la laguna en dirección a la isla de Murano, dejando  a nuestra izquierda la amurallada isla de los muertos, el cementerio San Michele. Nada de su interior es visible desde el agua, salvo los esbeltos y fúnebres cipreses que superan las tapias y parte de la iglesia renacentista de San Michele in Insola edificada con piedra blanca de Istria.

Hasta para el último viaje precisan los venecianos  de nave. Algunos muy ilustres, no venecianos,  reposan allí, como el músico Igor Stravinsky y el escritor ruso Joseph Brodsky, premio Nobel de literatura en 1987, que exiliado de su país murió en Nueva York en 1996, pero fue enterrado en Venecia, cautivado por esa ciudad en la que pasaba los inviernos. Su libro, “Marca de agua”, que leería al regreso, es una pequeña joya literaria dedicada al alma de Venecia que vaga inmaterial por toda la obra.

Vemos la isla de Murano desde la cubierta, conocida especialmente por su artesanía de vidrio, y a cierta distancia Burano, con sus casitas de vivos colores para ser avistada entre la niebla por los marinos y donde elaboran encajes. Tiene Burano su leyenda en torno a los amores de una sirena que, esperando a su marinero, tejía y destejía, melancólicamente, las olas del mar. No conozco bien la historia pero debió acabar mal, para la sirena claro, el marinero lo resolvería en otro puerto.

Venecia 004 - fragmentoDe regreso tomaríamos a continuación, cuando la tarde declinaba, el vaporetto  que debía llevarnos a nuestro  hotel.

Algunos pasajeros nos dirigimos a popa. En mi diario del viaje escribí:

“Un sol naranja rozaba la superficie del agua. Antes de que las cúpulas de San Giorgio y Venecia entera acabaran desapareciendo definitivamente de nuestra vista,  hundidas  en el horizonte, un cielo amarillo, cobre y violeta levantaba reflejos dorados en la laguna en una despedida serena y poética de una ciudad única en el mundo”.

 

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