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Zaragoza, cuaderno urbano I – “Salsipuedes”

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Zaragoza, cuaderno urbano I – “Salsipuedes”

“Salsipuedes”, se llama el bar que hace unos meses inauguraron junto a mi casa. El nombre me pareció sugestivo. Es un reto amistoso, no es lo mismo “si puedes” que “si te atreves” y el aspecto externo tan agradable, con unas jardineras naturales y un frontal totalmente acristalado, te permite atisbar un interior acogedor que con un mobiliario, ameno de colorido y formas y un par de sofás que invitan a la lectura, ya te anticipan que la única dificultad en la salida vendrá determinada por lo confortable de su interior.

Es pequeño y luminoso. El sol de mañana le concede una luz reconfortante y Carlos, su propietario,  sirve con una presentación exquisita los cafés o las tapas, según la hora.

Además, ama la música. No hay la monserga de fondo de una tele y en cambio selecciona unas grabaciones que invitan a escuchar, bien acodado en el mostrador o en las mesas en agradable compañía.

En un revistero de pared, el “Heraldo” del día y los suplementos semanales están disponibles. Sobre el mostrador, unas octavillas numeradas del 1 al 8 con el nombre de “La pantera” te brindan otros tantos cuentos de café. El texto permanente de la contraportada dice que  “el café, como la magdalena de Marcel Proust,  invita a vivir y a recordar”.  El cuento de su interior, los he leído todos, son breves historias, apenas unas líneas. No precisan ni los 140 caracteres de un twiter para narrarnos historias tiernas y amables  de personajes en torno al café,  a las que el autor podría,   si quisiera, darles continuidad. Me sugieren aquella escena de la película “Memorias de Africa”, cuando el aristocrático cazador Denys Fynch-Hatton (Robert Redford) le pide a la baronesa Karen Dinesen (Meryl  Streep), tras la cena, que cree un cuento a partir de una frase de partida, y después, fascinado,  le regala su pluma y le dice: “escríbalas”.

Son cuentos como el café, aromáticos.   Es una lástima, le dije a Carlos, que no hayan encargado 1.001 cuentos, como en las “Mil y una noches”,  podrían fidelizarme  como cliente por casi tres años. Estos cuentos los firma Antón Castro.

Por si fuera poco, los sábados, “Salsipuedes”  ha improvisado un rincón para que algunos amigos artistas, poco después de la una de la tarde, nos ofrezcan su música en vivo en un concierto vermut.

La imagen asignada de cabecera corresponde al dibujo que, durante la audición, en rotulador sobre mi cuaderno de anillas dibujé en el bar y finalicé en casa con la acuarela. Corresponde a la sesión del pasado 21 de enero. Cantó Silvia Solans con mucha sensibilidad, además es una joven muy bella, canciones norteamericanas de siempre, casi todas familiares al oído, como “El tiempo pasará”, de la película “Casablanca” (…tócala otra vez Sam) y “Moon river”, de “Desayuno con diamantes”. Fue un disfrute.

Así, a dos pasos de mi casa, inicio este apartado del “Blog” que voy a ir agrupando  como “Zaragoza, cuaderno urbano” en sucesivas entradas. Será un recorrido ciudadano sin aventuras dinámicas. Con dibujos y acuarelas nos detendremos en alguna plaza, rincón o calle de Zaragoza, o visitaremos el estudio Goya que comparto con amigos colegas para pintar, colgaré alguna de sus obras si me lo permiten, creo que sí. Y como hoy, otro día, entraremos en algún local a tomar una copa y a dibujar algún músico. ¿Me acompañas?.

P.D.: “Salsipuedes”, está en el número 8 de la calle Manuel Lasala, esquina Cosme Blasco.

 

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