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Zaragoza, cuaderno urbano VI – “Las murallas romanas”

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Zaragoza, cuaderno urbano VI – “Las murallas romanas”

En este capítulo de mi blog,  que forma parte de mi “Zaragoza, cuaderno urbano”, nos detenemos en las murallas donde los romanos fundaron nuestra ciudad.

En el libro “Historia de Zaragoza”, impreso el 28 de enero de 1976, víspera de San Valero y que se publica como conmemoración a los 2.000 años de la fundación de Zaragoza por los romanos, el profesor Antonio Beltrán escribe que, “si creemos a Plinio, el nombre de la ciudad antecesora de Caesaraugusta fue Salduba”, cuya situación exacta no se conoce, pero que pudo ser un poblado con una calle central, donde ahora se encuentra San Juan de los Panetes.

Pero serían los romanos, quienes en el año 24 a. de JC. le dieron vida y carácter,  amurallando y estableciendo un perímetro que se iría, después, ampliando extramuros.

Según cita el mencionado libro de “Historia de Zaragoza”, los romanos que fundaron la ciudad fueron una colonia inmune de ciudadanos romanos, con un núcleo de veteranos de las legiones romanas IV, VI y X licenciados de las guerras cántabras.

La acuarela, imagen de cabecera, recoge esas murallas romanas de nuestro origen. Decidí, en uno de mis largos paseos urbanos, una mañana luminosa de principios de primavera, incorporarla a mis dibujos.

 

El de San Juan de los Panetes es el tramo mejor conservado gracias a su restauración. Debe prolongarse por debajo de lo que es el actual Mercado Central y no hay otros restos visibles de la muralla, pero deben estar, atribuye el libro, por debajo de las casas a lo largo de la ribera del Ebro y en los cimientos del Pilar. Se han encontrado en toda la alineación del Coso que perfila los muros por el exterior.

En enero de 1968, cuando vine a trabajar a Zaragoza, me alojé, por poco tiempo,  en una pensión que ya no existe, en ese entorno del Mercado Central en una calle que tampoco existe, de nombre Escuelas Pías y que discurría paralela a la calle Cerdán, ambas muy estrechas y ahora fundidas, tras derribos urbanos, en la actual Avenida de César Augusto. Ese emplazamiento de mi pensión debía darse, en ese año 24 a. de JC., de bruces con los muros de la muralla romana.

Mi elección estaba motivada únicamente por la proximidad a las oficinas centrales del Banco de Aragón, en el Coso frente a la calle Alfonso, donde vine a trabajar. El Banco de Aragón, como los romanos, como algunas de esas viejas calles donde vivimos, también desapareció absorbido por otro mayor que a su vez también sería tragado y digerido por otro.

Y así es la vida, una cadena sin fin por la que vamos desfilando y desapareciendo, las personas y las cosas. Disfrutemos un poco y el próximo encuentro, algo de ocio y música en ese mismo entorno. Nos vemos en una sesión de jazz, tomando una caña, en la Bóveda del Albergue, en el número 70 de la calle Predicadores, entre el Mercado Central y el Teatro del Mercado.   Hasta entonces, si acudes.

 

 

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